25 marzo, 2009

ASI ES, SEÑOR SOPENA

Asistimos a una onda expansiva conservadora
Nombre asesor suyo, señor Zapatero, a Pep Guardiola; el desencanto en política se paga muy caro
La derecha está que se sale. El triunfo en Galicia le ha supuesto un formidable reconstituyente y ya se ven los populares en Euskadi sacando pecho y hasta dictando los deberes a Patxi López. Se ven también vencedores en las urnas europeas de junio. Y luego, a galope, camino de la Moncloa. Es curioso pero los escándalos de corrupción les ponen.

Han montado un vistoso espectáculo en torno a la retirada de las tropas españolas de Kósovo y han conseguido -esperemos que por unos días- que una decisión gubernamental, orientada a reforzar la firmeza del Estado español ante secesionismos unilaterales, cimentados en factores étnicos y religiosos, se haya convertido en un traspiés tanto para el presidente como para la emergente ministra de Defensa, Carme Chacón.
Contra las cuerdas
El PP y sus fieles aliados fácticos han tenido al Gobierno contra las cuerdas. Han aprovechado alguna ligereza en el operativo y demasiadas fisuras abiertas, y no han perdido la ocasión de montar una sonora tangana, que es su especialidad más acreditada. Las palabras de Mariano Rajoy sobre este asunto estremecían. Daba la impresión de que el líder genovés cabalgaba feliz, como si fuera uno más entre los jinetes del Apocalipsis.
Onda expansiva conservadora
Asistimos a una onda expansiva conservadora que no debe minimizarse. La Iglesia católica está demostrando que la visita del secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, no fue más que un paripé y que, a la hora de la verdad, el cardenal de Madrid, Rouco Varela, toca el cornetín de órdenes, mientras Benedicto XVI reza el Ángelus y advierte a los negritos que usar condones es pecado.
Castigo de Dios
Y advierte implícitamente que el sida, por tanto, puede ser considerado como una especie de castigo de Dios. Ni condones ni abortos. Ni memoria histórica. El abad del Valle de los Caídos santifica a Franco y la sepultura faraónica del dictador sigue igual, en la práctica, que antes. ¿Para semejante viaje, señor Rodríguez Zapatero, hacían falta tantas alforjas? La Ley de la Memoria Histórica parece abarrancada y escasamente efectiva. Carlos Fabra, el padrino del PP, presuntamente corrupto, se mea literalmente en esa ley. Y se queda más ancho que largo.
Gesto estéril
Sus apoyos económicos a la Iglesia católica le han servido de bien poco. Su exquisitez para no aparecer como un presidente demasiado laicista ha sido un gesto estéril. Estos obispos entusiastas de las Cruzadas le han organizado una guerra de guerrillas y no están dispuestos a perdonarle ni la más mínima, nada.
Ratas de sacristía
Callaron como ratas de sacristía durante los ocho años de Gobierno de la derecha y no exigieron a José María Aznar que derrocara con su mayoría absoluta la ley del aborto vigente aún. Pero han impulsado ahora una campaña oprobiosa, se permiten decir que el aborto es un asesinato y quieren protestar con lazos blancos utilizando las profesiones de la Semana Santa. Proclaman que ellos no hacen política, se olvidan cínicamente de la COPE y únicamente sueñan con regresar a los tiempos ominosos del nacionalcatolicismo.
Estamos a tiempo
Todavía estamos a tiempo, señor Rodríguez Zapatero. Pero así no se puede seguir sin correr graves riesgos. Su Gobierno proyecta una imagen de fragilidad. Y las imágenes valen más que mil palabras. Es fácil de entender, aunque usted se empeñe en prescindir de estrategias de comunicación y creerse que en el ámbito mediático todo el monte es orégano. No hay que ir con el garrote ni con la espada desenfundada, pero tampoco con el lirio en la mano. Es preciso para los progresistas vencer en las elecciones europeas y pasar a la ofensiva.
Mueva el banquillo
Mueva el banquillo y nombre a Pep Guardiola asesor suyo y, por cierto, cierre de una vez el flanco de la financiación catalana sin dejar a Montilla a los pies de los caballos. No se equivoque de adversarios. Su Gobierno necesita una inyección de moral y necesita marcar goles. Métase en el área, con ímpetu, como hizo en la primera legislatura. No defraude a su afición. El desencanto -en política como en el fútbol- se paga muy caro. En todo caso, ¡suerte, presidente!
Enric Sopena es director de El Plural

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